De qué va
Hay objetos que no deberían estar ahí.
Una noche, en el observatorio de Cerro Pachón, la astrónoma Antonia Vidal resta dos imágenes del mismo cielo y encuentra un punto que nadie había visto antes. Algo cruza el sistema solar despacio, en silencio, en una órbita tan larga que tarda miles de años en cerrarse. Nadie lo puso ahí, y nadie sabe de dónde viene.
El cielo tiene una pista más, y no está en el cielo. En una tablilla de arcilla de cinco mil años, escrita a mano por un escriba que no conocía los telescopios, hay anotado un cuerpo que cruza, que aparece donde no debería y que vuelve. El que cruza vuelve.
¿Coincidencia? ¿Memoria? Nadie lo sabe todavía. Y lo que no se sabe, en este oficio, se mide, se discute, se calla — o se espera.
Porque hay cosas que solo se ven con números, y preguntas que no se contestan el mismo día: se pasan de mano en mano.